Monólogos más importantes de Julieta en “Romeo y Julieta”

Monólogos de Julieta

En la famosa obra de William Shakespeare Romeo y Julieta hay varios monólogos célebres de Julieta que han pasado a la historia y son dignos de ser recordados. Esta tragedia es uno de los clásicos más importantes de la literatura universal no solo por la maestría del autor en sus metáforas, sino también por la emotividad y el dramatismo que lo caracteriza.

Sobre el autor

William Shakespeare fue uno de los dramaturgos y poetas más importantes de Inglaterra y actualmente se lo considera como un referente internacional. Sus obras se han convertido en clásicos populares y se han traducido a varios idiomas; además, todavía se siguen representando en teatros, además de hacerse versiones en películas y series.

Si bien no se conocen muchos datos sobre sus primeros años de vida, se cree que Shakespeare nació a mediados del siglo XVI en Inglaterra. Sí ha quedado registrado su bautismo, que se realizó el 26 de abril de 1564, en la Iglesia de la Santísima Trinidad en la localidad de Stratford-upon-Avon, Warwickshire.

No existen registros sobre la educación de William Shakespeare. Sin embargo, algunas fuentes sugieren que pudo haber sido autodidacta.

Siendo muy joven, quedó a cargo de su familia. En 1582 se casó con Anne Hathaway y más tarde viajó a Londres para ganarse la vida. Allí comenzó a trabajar como actor y, posteriormente, a escribir sus propias obras. Se cree que sus primeras creaciones fueron: La comedia de las equivocaciones (1591), Los dos hidalgos de Verona (1592) y las tragedias Tito Andrónico (1594) y Romeo y Julieta (1595).

Además, entre sus obras más destacadas se incluyen: Julio César, Hamlet, Otelo, Macbeth, Antonio y Cleopatra, Sueño de una noche de verano, El mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas nueces, y La tempestad, entre otras.

Asimismo, Shakespeare escribió otros dramas históricos, entre los que se incluyen: Eduardo III, Enrique VI, Ricardo II y Ricardo III, y otros.

Aunque a Shakespeare se le reconoció por sus obras en vida en su país natal, sus obras se publicaron y alcanzaron un reconocimiento internacional poco después de su muerte.

William Shakespeare falleció con aproximadamente 50 años el 23 de abril de 1616 en Stratford-upon-Avon.

Breve resumen de Romeo y Julieta

Romeo y Julieta, es tal vez, la tragedia romántica más famosa del mundo. Sus protagonistas, Romeo Montesco y Julieta Capuleto, son dos jóvenes italianos que se enamoran pero pertenecen a familias que son enemigas.

La historia se desarrolla en la ciudad de Verona, Italia, donde estas dos familias rivales mantienen un rencor antiguo que causa disputas constantes. A pesar de ello, los dos descendientes de cada familia, Romeo y Julieta, se enamoran a primera vista y viven un romance apasionado y fugaz.

Toda la historia transcurre en unos seis días; los amantes se encuentran a escondidas, se declaran su amor y más tarde, con la ayuda de Fray Lorenzo, se casan en secreto. Después de la boda se produce un enfrentamiento entre los Montesco y los Capuleto donde muere el mejor amigo de Romeo, Mercucio, asesinado por Teobaldo Capuleto, primo de Julieta.

A modo de venganza, Romeo mata a Teobaldo y más tarde se va a Mantua, desterrado.

Posteriormente, el padre de Julieta decide casarla con el Conde Paris. Fray Lorenzo la ayuda nuevamente, ofreciéndole una poción para hacerse pasar por muerta. Julieta pone en práctica este plan pero Romeo nunca se entera del ardid y la cree muerta de verdad. Romeo entonces vuelve a Verona y, una vez en el mausoleo de Julieta, desolado por la muerte de su amada, bebe un veneno y muere.

Julieta, al despertarse y ver muerto a su amado, toma su daga y se suicida.

Monólogos claves de Julieta

Durante el transcurso de la historia, Julieta, a través de diferentes monólogos, manifiesta sus conflictos internos y sus sentimientos hacia Romeo. A continuación están algunos de sus monólogos más destacados, traducidos al español.

ACTO SEGUNDO, ESCENA II: La famosa escena del balcón en el jardín de los Capuleto

Esta escena se desarrolla después de que los protagonistas se conocieron en una reunión. En esta parte del monólogo, Julieta expresa su frustración al saber que Romeo pertenece a la familia rival. Lo hace en voz alta, sin saber que Romeo está debajo del balcón.

JULIETA.—¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no me tendré por Capuleto.

[…]

JULIETA.—No eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué quiere decir Montesco? No es pie ni mano ni brazo, ni semblante ni pedazo alguno de la naturaleza humana. ¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo. De igual suerte mi querido Romeo, aunque tuviese otro nombre, conservaría todas las buenas cualidades de su alma, que no le vienen por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y en cambio de tu nombre, que no es cosa alguna sustancial, toma toda mi alma.

Otros monólogos de la misma escena

Después de algunas tribulaciones, Julieta llega a la conclusión de que una persona es más que su apellido; igualmente, la familia de Romeo no le impide amar ni ser digno de amor. Luego descubre que Romeo escuchó sus palabras. Más tarde, ambos declaran su amor abiertamente y surge el plan de casarse.

[…]

JULIETA.—¿Y quién eres tú que, en medio de las sombras de la noche, vienes a sorprender mis secretos?

[…]


JULIETA.—Si el manto de la noche no me cubriera, el rubor de virgen subiría a mis mejillas, recordando las palabras que esta noche me has oído. En vano quisiera corregirlas o desmentirlas… ¡Resistencias vanas! ¿Me amas? Sé que me dirás que sí, y que yo lo creeré. Y sin embargo podrías faltar a tu juramento, porque dicen que Jove se ríe de los perjuros de los amantes. Si me amas de veras, Romeo, dilo con sinceridad, y si me tienes por fácil y rendida al primer ruego, dímelo también, para que me ponga esquiva y ceñuda, y así tengas que rogarme. Mucho te quiero, Montesco, mucho, y no me tengas por liviana, antes he de ser más firme y constante que aquellas que padecen desdeñosas porque son astutas. Te confesaré que más disimulo hubiera guardado contigo, si no me hubieses oído aquellas palabras que, sin pensarlo yo, te revelaron todo el ardor de mi corazón. Perdóname, y no juzgues ligereza este rendirme tan pronto. La soledad de la noche lo ha hecho.

[…]

JULIETA.—No jures por la luna, que en su rápido movimiento cambia de aspecto cada mes. No vayas a imitar su inconstancia.

[…]

JULIETA.— (Asomada otra vez a la ventana.) Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al mensajero que te enviaré, de cómo y cuándo quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré en pos de ti por el mundo.

ESCENA V

En este monólogo Julieta demuestra su impaciencia mientras espera que su nodriza le traiga noticias de Romeo.

[…]

JULIETA.—Las nueve eran cuando envié al ama, y dijo que antes de media hora volvería. ¿Si no lo habrá encontrado? ¡Pero sí! ¡Qué torpe y perezosa! Sólo el pensamiento debiera ser nuncio del amor. Él corre más que los rayos del sol cuando ahuyentan las sombras de los montes. Por eso pintan al amor con alas. Ya llega el sol a la mitad de su carrera. Tres horas van pasadas desde las nueve a las doce, y no vuelve todavía. Si ella tuviese sangre juvenil y alma, volvería con las palabras de su boca; pero la vejez es pesada como un plomo.

ACTO TERCERO, ESCENA II

En esta escena, Julieta vuelve a esperar noticias de Romeo y menciona que no ha consumado su matrimonio todavía. Más tarde, recibe la noticia de que Romeo ha matado a Teobaldo. Después del shock inicial, defiende a Romeo y confirma nuevamente su amor por él.

[…]

JULIETA.—Corred, corred a la casa de Febo, alados corceles del sol. El látigo de Faetón os lance al ocaso. Venga la dulce noche a tender sus espesas cortinas. Cierra ¡oh sol! tus penetrantes ojos, y deja que en el silencio venga a mí mi Romeo, e invisible se lance en mis brazos. El amor es ciego y ama la noche, y a su luz misteriosa cumplen sus citas los amantes. Ven, majestuosa noche, matrona de humilde y negra túnica, y enséñame a perder en el blando juego, donde las vírgenes empeñan su castidad. Cubre con tu manto la pura sangre que arde en mis mejillas. Ven, noche; ven, Romeo, tú que eres mi día en medio de esta noche, tú que ante sus tinieblas pareces un copo de nieve sobre las negras alas del cuervo. Ven, tenebrosa noche, amiga de los amantes, y vuélveme a mi Romeo. Y cuando muera, convierte tú cada trozo de su cuerpo en una estrella relumbrante, que sirva de adorno a tu manto, para que todos se enamoren de la noche, desenamorándose del sol. Ya he adquirido el castillo de mi amor, pero aún no le poseo. Ya estoy vendida, pero no entregada a mi señor. ¡Qué día tan largo! tan largo como víspera de domingo para el niño que ha de estrenar en él un traje nuevo. Pero aquí viene mi ama, y me traerá noticias de él.

ACTO CUARTO, ESCENA I

En esta escena, Julieta le revela a Fray Lorenzo su desesperación porque su familia quiere casarla con el conde Paris. También deja entrever su deseo de matarse con un puñal si no puede estar con Romeo. Ante su solicitud de ayuda, Fray Lorenzo le entrega la poción.

[…]

JULIETA.—Padre, no me digáis que dicen tal cosa, si al mismo tiempo no discurrís, en vuestra sabiduría y prudencia, algún modo de evitarlo. Y si vos no me consoláis, yo con un puñal sabré remediarme. Vos, en nombre del Señor, juntasteis mi mano con la de Romeo, y antes que esta mano, donde fue por vos estampado su sello, consienta en otra unión, o yo amancille su fe, matáranos este hierro. Aconsejadme bien, o el hierro sentenciará el pleito que ni vuestras canas ni vuestra ciencia saben resolver. No os detengáis; respondedme o muero.

ESCENA III

Ya en su habitación, Julieta se enfrenta a su miedo a la muerte, duda de Fray Lorenzo y expresa su incertidumbre de no saber si volverá a ver a Romeo. Finalmente, toma la poción. Es el monólogo más largo de Julieta en la obra y tal vez el más dramático.

[…]

JULIETA.—¡Adiós! ¡Quién sabe si volveremos a vernos! Un miedo helado corre por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital. ¿Les diré que vuelvan? Ama… Pero ¿a qué es llamarla? Yo sola debo representar esta tragedia. Ven a mis manos, ampolla. Y si este licor no produjese su efecto, ¿tendría yo que ser esposa del conde? No, no, jamás; tú sabrás impedirlo. Aquí, aquí le tengo guardado. (Señalando el puñal.)
¿Y si este licor fuera un veneno preparado por el fraile para matarme y eludir su responsabilidad por haberme casado con Romeo? Pero mi temor es vano. ¡Si dicen que es un santo! ¡Lejos de mi tan ruines pensamientos! ¿Y si me despierto encerrada en el ataúd, antes que vuelva Romeo? ¡Qué horror! En aquel estrecho recinto, sin luz, sin aire… me voy a ahogar antes que él llegue. Y la espantosa imagen de la muerte… y la noche… y el horror del sitio… la tumba de mis mayores… aquellos huesos amontonados por tantos siglos… el cuerpo de Teobaldo que está en putrefacción muy cerca de allí… los espíritus que, según dicen, interrumpen… de noche, el silencio de aquella soledad… ¡Ay, Dios mío! ¿no será fácil que al despertarme, respirando aquellos miasmas, oyendo aquellos lúgubres gemidos que suelen entorpecer a los mortales, aquellos gritos semejantes a las quejas de la mandrágora cuando se la arranca del suelo… ¿no es fácil que yo pierda la razón, y empiece a jugar en mi locura con los huesos de mis antepasados, o a despojar de su velo funeral el cadáver de Teobaldo, o a machacarme el cráneo con los pedazos del esqueleto de alguno de mis ilustres mayores? Ved… Es la sombra de mi primo, que viene con el acero desnudo, buscando a su matador Romeo. ¡Detente, Teobaldo! ¡A la salud de Romeo!

ACTO QUINTO, ESCENA III

En esta escena transcurren los últimos monólogos de Julieta, cuando despierta en el mausoleo de los Capuleto y descubre que Romeo ha muerto envenenado. Finalmente, toma la daga y se suicida.

[…]

JULIETA.—Yo aquí me quedaré. ¡Esposo mío! Mas ¿qué veo? Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará.

(Le besa.) Aún siento el calor de sus labios.

[…]

JULIETA.—Siento pasos. Necesario es abreviar.
(Coge el puñal de ROMEO.)
¡Dulce hierro, descansa en mi corazón, mientras yo muero!

FINAL DE LA OBRA

Esta obra maestra de Shakespeare finaliza con la muerte de ambos protagonistas y el relato de todos los eventos que ocurrieron narrado por Fray Lorenzo. La muerte de los amantes conmueve a las familias rivales y pone fin a las disputas entre los Montesco y los Capuleto.

Bibliografía