Escenas famosas de “Romeo y Julieta”

Monólogos de Romeo en Romeo y Julieta

Romeo y Julieta, del escritor inglés William Shakespeare, se caracteriza por los monólogos de sus protagonistas, llenos de drama y romanticismo. En este caso, nos enfocaremos en los monólogos claves de Romeo, a través de los cuales se refleja el talento de uno de los mejores escritores de todos los tiempos.

Sobre Shakespeare

William Shakespeare fue un dramaturgo y poeta inglés del siglo XVI. En la actualidad, es el principal referente de la literatura inglesa y sus obras son clásicos universales que siguen vigentes hasta nuestros días.

Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Inglaterra. Si bien se desconoce su fecha exacta de nacimiento, se cree que fue en algún momento del año 1564. Tampoco se conocen más datos sobre su infancia y juventud o tan siquiera su educación. Los datos más confiables son de su vida adulta.

Estando ya casado con Anne Hathaway viajó a Londres en busca de trabajo y allí comenzó su interés en la actuación y la escritura. En la década de 1590 escribió sus primera obras: La comedia de las equivocaciones, Los dos hidalgos de Verona, Tito Andrónico y la tragedia de Romeo y Julieta.

En los años posteriores escribió otras de sus obras famosas como Sueño de una noche de verano, Hamlet, Otelo, Julio César, Macbeth, Antonio y Cleopatra, Eduardo III, Enrique VI, El mercader de Venecia, Ricardo II, Ricardo III, y Mucho ruido y pocas nueces, entre otras.

Aunque Shakespeare obtuvo cierto reconocimiento por sus obras en vida, la mayoría de ellas alcanzaron fama internacional después de su muerte.

Shakespeare falleció el 23 de abril de 1616 en Stratford-upon-Avon, cuando tenía aproximadamente 50 años.

Breve resumen de Romeo y Julieta

Romeo y Julieta es una de las historias de amor más famosas del mundo. Narra la intensa relación entre Romeo Montesco y Julieta Capuleto, dos jóvenes italianos que se enamoran a primera vista pero descubren que pertenecen a familias rivales.

La obra transcurre en la ciudad de Verona, Italia, donde las dos familias enemigas están en continuo conflicto. Sin embargo, en una reunión, Romeo y Julieta, se enamoran y viven un romance que dura seis días, tiempo en el que se casan en secreto.

Después de la boda, los Montesco y los Capuleto se enfrentan y allí muere asesinado Mercucio, un amigo de Romeo. Este se venga matando a Teobaldo Capuleto, primo de Julieta. Debido a ello escapa a Mantua, desterrado.

Para evitar que la casen con otra persona, Julieta se hace pasar por muerta con la ayuda de Fray Lorenzo. Romeo se entera de su muerte sin saber que es una farsa y se suicida tomando un veneno al lado del cuerpo de su amada. Cuando Julieta despierta, ve a su esposo muerto y se suicida clavándose un puñal.

Monólogos claves de Romeo

ACTO PRIMERO, ESCENA I

En la primera escena, Romeo comienza revelándole sus fracasos en el amor a su primo Benvolio, quien se compadece de él. Habla aquí de Rosalina, una joven que no comparte sus sentimientos.

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ROMEO.—¿Por qué, si pintan ciego al amor, sabe elegir tan extrañas sendas a su albedrío? ¿Dónde vamos a comer hoy? ¡Válgame Dios! Cuéntame lo que ha pasado. Pero no, ya lo sé. Hemos encontrado el amor junto al odio; amor discorde, odio amante; rara confusión de la naturaleza, caos sin forma, materia grave a la vez que ligera, fuerte y débil, humo y plomo, fuego helado, salud que fallece, sueño que vela, esencia incógnita. No puedo acostumbrarme a tal amor. ¿Te ríes? ¡Vive Dios…!

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ROMEO.—Vanos serían mis tiros, porque ella, tan casta como Diana la cazadora, burlará todas las pueriles flechas del rapaz alado. Su recato le sirve de armadura. Huye de las palabras de amor, evita el encuentro de otros ojos, no la rinde el oro. Es rica, porque es hermosa. Pobre, porque cuando muera, sólo quedarán despojos de su perfección soberana.

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ROMEO.—No es ahorro el suyo, es desperdicio, porque esconde avaramente su belleza, y priva de ella al mundo. Es tan discreta y tan hermosa, que no debiera complacerse en mi tormento, pero aborrece el amor, y ese voto es la causa de mi muerte.

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ROMEO.—Así brillará más y más su hermosura. Con el negro antifaz resalta más la blancura de la tez. Nunca olvida el don de la vista quien una vez la perdió. La beldad más perfecta que yo viera, sólo sería un libro donde leer que era mayor la perfección de mi adorada. ¡Adiós! No sabes enseñarme a olvidar.

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Escena V

Aquí Romeo asiste a una reunión en la casa de los Capuleto y quiere conocer la identidad de la dama que lo enamoró a primera vista. También describe apasionadamente a Julieta.

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ROMEO.— (A su CRIADO.) Dime, ¿qué dama es la que enriquece la mano de ese galán con tal tesoro?

[…]

ROMEO.—El brillo de su rostro afrenta al del sol. No merece la tierra tan soberano prodigio. Parece entre las otras como paloma entre grajos. Cuando el baile acabe, me acercaré a ella, y estrecharé su mano con la mía. No fue verdadero mi antiguo amor, que nunca belleza como ésta vieron mis ojos.

[…]

ACTO SEGUNDO, Escena II

Durante esta escena en el jardín de los Capuleto transcurren los monólogos más famosos de Romeo y Julieta. Él, dejándose llevar por su amor, llega hasta el balcón de Julieta y expresa sus sentimientos al descubrir que ella pertenece a la familia rival. Finalmente le confiesa su amor, su voluntad de hacer lo que sea por ella y toman la decisión de casarse.

[…]

ROMEO.—¡Qué bien se burla del dolor ajeno quien nunca sintió dolores…!
(Pónese JULIETA a la ventana.)
¿Pero qué luz es la que asoma por allí? ¿El sol que sale ya por los balcones de oriente? Sal, hermoso sol, y mata de envidia con tus rayos a la luna, que está pálida y ojeriza porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. Por eso se viste de amarillo color. ¡Qué necio el que se arree con sus galas marchitas! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece! ¿Cómo podría yo decirla que es señora de mi alma? Nada me dijo. Pero ¿qué importa? Sus ojos hablarán, y yo responderé. ¡Pero qué atrevimiento es el mío, si no me dijo nada! Los dos más hermosos luminares del cielo la suplican que les sustituya durante su ausencia. Si sus ojos resplandecieran como astros en el cielo, bastaría su luz para ahogar los restantes como el brillo del sol mata el de una antorcha. Tal torrente de luz brotaría de sus ojos, que haría despertar a las aves a media noche, y entonar su canción como si hubiese venido la aurora! Ahora pone la mano en la mejilla. ¿Quién pudiera tocarla como el guante que la cubre?

[…]

ROMEO.—Si de tu palabra me apodero, llámame tu amante, y creeré que me he bautizado de nuevo, y que he perdido el nombre de Romeo.


[…]

ROMEO.—El amor que me dijo dónde vivías. De él me aconsejo, él guió mis ojos que yo le había entregado. Sin ser nauchero, te juro que navegaría hasta la playa más remota de los mares por conquistar joya tan preciada.

[…]

Escena III

Romeo se reúne con Fray Lorenzo y le pide su bendición para casarse con Julieta.

[…]

ROMEO.—Pues te diré en dos palabras que estoy enamorado de la hija del noble Capuleto, y que ella me corresponde con igual amor. Ya está concertado todo: sólo falta que vos bendigáis esta unión. Luego os diré con más espacio dónde y cómo nos conocimos y nos juramos constancia eterna. Ahora lo que importa es que nos caséis al instante.

[…]

ACTO TERCERO, Escena III

Después de vengar la muerte de su primo Mercucio a manos de Teobaldo, Romeo se va a Mantua al destierro. Al conocer el veredicto, en este monólogo Romeo expresa su desolación y deja entrever la posibilidad de la muerte por estar separado de Julieta.

[…]

ROMEO.—Tal clemencia es crueldad. El cielo está aquí donde vive Julieta. Un perro, un ratón, un gato pueden vivir en este cielo y verla. Sólo Romeo no puede. Más prez, más gloria, más felicidad tiene una mosca o un tábano inmundo que Romeo. Ellos pueden tocar aquella blanca y maravillosa mano de Julieta, o posarse en sus benditos labios, en esos labios tan llenos de virginal modestia que juzgan pecado el tocarse. No lo hará Romeo. Le mandan volar y tiene envidia a las moscas que vuelan. ¿Por qué decís que el destierro no es la muerte? ¿No teníais algún veneno sutil, algún hierro aguzado que me diese la muerte más pronto que esa vil palabra “desterrado”? Eso es lo que en el infierno se dicen unos a otros los condenados. ¿Y tú, sacerdote, confesor mío y mi amigo mejor, eres el que vienes a matarme con esa palabra?

[…]

ACTO QUINTO, Escena II

En Mantua, donde cumple su destierro, Baltasar le da a Romeo la noticia de la muerte de Julieta. En su desesperación, este decide conseguir un veneno y partir de inmediato hacia Verona.

[…]

Sí, Julieta, esta noche descansaremos juntos. ¿Pero cómo? ¡Ah, infierno, cuán presto vienes en ayuda de un ánimo desesperado! Ahora me acuerdo que cerca de aquí vive un boticario de torvo ceño y mala catadura, gran herbolario de yerbas medicinales. El hambre le ha convertido en esqueleto. Del techo de su lóbrega covacha tiene colgados una tortuga, un cocodrilo, y varias pieles de fornidos peces, y, en cajas amontonadas, frascos vacíos y verdosos, viejas semillas, cuerdas de bramante, todo muy separado para aparentar más. Yo, al ver tal miseria, he pensado que aunque está prohibido so pena de muerte, el despachar veneno, quizás este infeliz, si se lo pagaran, lo vendería. Bien lo pensé, y ahora voy a ejecutarlo.

[…]

Escena III

En el cementerio, rumbo al sepulcro donde descansa Julieta, Romeo se encuentra con el Conde Paris, a quien le advierte que se se aleje. Se pelean y Paris muere. Posteriormente se acerca a Julieta, toma el veneno, le besa y muere.

[…]

ROMEO.—Sí, a morir vengo. Noble joven, no tientes a quien viene ciego y desalentado. Huye de mí, déjame; acuérdate de los que fueron y no son. Acuérdate y tiembla, no me provoques más, joven insensato. Por Dios te lo suplico. No quieras añadir un nuevo pecado a los que abruman mi cabeza. Te quiero más que lo que tú puedes quererte. He venido a luchar conmigo mismo. Huye, si quieres salvar la vida, y agradece el consejo de un loco.

[…]

ROMEO.—Sí que lo haré. Veámosle el rostro. ¡El pariente de Mercucio, el conde Paris! Al tiempo de montar a caballo, ¿no oí, como entre sombras decir, a mi escudero, que iban a casarse Paris y Julieta? ¿Fue realidad o sueño? ¿O es que estaba yo loco y creí que me hablaban de Julieta? Tu nombre está escrito con el mío en el sangriento libro del destino. Triunfal sepulcro te espera. ¿Qué digo sepulcro? Morada de luz, pobre joven. Allí duerme Julieta, y ella basta para dar luz y hermosura al mausoleo. Yace tú a su lado, un muerto es quien te entierra. Cuando el moribundo se acerca al trance final, suele reanimarse, y a esto lo llaman el último destello. Esposa mía, amor mío, la muerte que ajó el néctar de tus labios, no ha podido vencer del todo tu hermosura. Todavía irradia en tus ojos y en tu semblante, donde aún no ha podido desplegar la muerte su odiosa bandera. Ahora quiero calmar la sombra de Teobaldo, que yace en ese sepulcro. La misma mano que cortó tu vida, va a cortar la de tu enemigo. Julieta, ¿por qué estás aún tan hermosa? ¿Será que el descarnado monstruo te ofrece sus amores y te quiere para su dama? Para impedirlo, dormiré contigo en esta sombría gruta de la noche, en compañía de esos gusanos, que son hoy tus únicas doncellas. Este será mi eterno reposo. Aquí descansará mi cuerpo, libre de la fatídica ley de los astros. Recibe tú la última mirada de mis ojos, el último abrazo de mis brazos, el último beso de mis labios, puertas de la vida, que vienen a sellar mi eterno contrato con la muerte. Ven, áspero y vencedor piloto, mi nave, harta de combatir con las olas, quiere quebrantarse en los peñascos. Brindemos por mi dama. ¡Oh, cuán portentosos son los efectos de tu bálsamo, alquimista veraz! Así, con este beso… muero.

[…]

FINAL DE LA OBRA

De esta manera, la obra de Romeo y Julieta finaliza con el suicidio de los dos protagonistas. Más tarde, Fray Lorenzo relata todo lo ocurrido. La trágica muerte de los amantes pone fin al largo conflicto entre los miembros de las familias rivales de los Montesco y los Capuleto.

Bibliografía