Macbeth: temas y símbolos

Macbeth

La tragedia de Macbeth (The tragedie of Macbeth) es un punto clave dentro la dilatada obra de William Shakespeare. Se trata de una dramatización del impacto sicológico y vital de la ambición desenfrenada. Los temas principales de la obra, la lealtad, la culpa, la inocencia y el destino, se articulan sobre la idea de la ambición y sus consecuencias. William Shakespeare utiliza imágenes y símbolos para desarrollar estos temas, apoyándose en los conceptos antitéticos de la inocencia y la culpa. Veremos sucintamente una descripción de estos temas y la simbología que despliega William Shakespeare en Macbeth.

La ambición

La ambición de Macbeth es el principal elemento de su caracterización, su más trágico defecto. Es la causa de la inevitable caída de Macbeth, por otra parte un personaje carente de todo principio moral. Son dos los factores avivan la llama de su ambición: la profecía de las tres brujas, que afirman que no sólo llegará a ser el «thane» de Cawdor (título nobiliario equiparable a barón), tal como lo nombra el rey Duncan en reconocimiento por su participación en la derrota de la invasión de Escocia, sino que también será rey. Y el segundo factor es la actitud de su esposa, que se burla de su asertividad y hombría, y manipula las acciones de su esposo.

La ambición hace que Macbeth pierda todo atisbo de racionalidad, y siente que su poder está amenazado hasta el punto en el que sólo lo puede preservar asesinando a los que se cruzan en su paranóico camino. Es la ambición lo que causa la perdición de Macbeth y de su esposa, lady Macbeth. Es derrotado en batalla y decapitado por Macduff, mientras que lady Macbeth sucumbe a la locura que le genera la culpa y se suicida.

Macbeth y las tres brujas.
Macbeth y las tres brujas.

La lealtad

El tema de la lealtad se desarrolla de varias formas en la obra. Al comienzo, el rey Duncan recompensa a Macbeth con el título de «thane» de Cawdor después de que el anterior lo traicionara y uniera sus fuerzas a las de Noruega en la invasión de Escocia, mientras que Macbeth se comporta como un valiente general en la victoria sobre los ejércitos invasores. Sin embargo, cuando el rey Duncan nombra a su hijo Malcolm como el heredero al trono, Macbeth llega a la conclusión de que debe matar al rey Duncan para convertirse en rey, tal como le pronosticara la profecía de las tres brujas.

En otro ejemplo de la dicotomía de lealtad y traición que plantea Shakespeare, Macbeth traiciona a su amigo Banquo por la paranoia que le genera el conservar el poder. Aunque eran camaradas de armas, dispuestos a dar la vida el uo por el otro, después de que Macbeth se convirtiera en rey recuerda que las brujas predijeron que los descendientes de Banquo serían coronados reyes de Escocia. Macbeth decide entonces matarlo apara eliminar de raíz la amenaza.

Macduff, que sospecha que fue Macbeth el responsable de la muerte del rey, deserta y viaja a Inglaterra para aliarse al hijo del rey Duncan, Malcolm, que había huido tras el asesinato de su padre. Y juntos, con el apoyo de Inglaterra, planean la derrota de Macbeth.

La apariencia y la realidad

«La cara falsa debe ocultar lo que el falso corazón sabe», le dice Macbeth al rey Duncan hacia el final del acto I, cuando ya tiene intenciones de asesinarlo. En el mismo sentido va el parlamento de las brujas: «Lo justo es asqueroso y lo sucio es justo», que juegan sutilmente con la apariencia y la realidad. La segunda profecía de las brujas, que afirma que Macbeth no puede ser vencido por «ningún hombre nacido de mujer», se vuelve vana al revelar Macduff que él nació de una cesárea cuando su madre ya estaba muerta. La profecía también le transmite una falsa seguridad cuando afirma que Macbeth no sería vencido hasta que «el gran bosque de Birnam se mueva y se eleve hacia Dunsiname (el castillo donde vivía Macbeth, situado en una colina) para luchar con él». La profecía es considerada como un fenómeno de la naturaleza imposible, ya que un bosque no subiría por una colina, pero su verdadero significado era que los soldados se camuflarían con ramas que cortarían del bosque de Birman para poder acercarse al castillo.

Destino y libre albedrío

¿Se habría convertido Macbeth en rey si no hubiera elegido ser un asesino? Esta pregunta plantea el conflicto entre el destino y el libre albedrío. Las brujas predicen que se convertiría en barón de Cawdor y poco después es ungido con ese título sin que Macbeth hiciese nada para conseguirlo. Las brujas le muestran a Macbeth su futuro y su destino, pero el asesinato del rey Duncan es una decisión tomada por Macbeth en pleno uso de su libre albedrío. Y los asesinatos posteriores son decisiones enteramente propias. El conflicto también se observa en las siguientes visiones de las brujas, que son interpretadas por Macbeth como un signo de invencibilidad, por lo que actúa con consecuente crueldad, pero que en realidad anticipan su derrota.

La luz y la oscuridad

La luz y las estrellas simbolizan lo que es bueno y noble, y el orden moral impartido por el rey Duncan sentencia que «los signos de nobleza, como las estrellas, brillarán… sobre todos los merecedores». La cruz de eso son las tres brujas, identificadas como brujas de medianoche, y también Lady Macbeth, que le pide a la noche que encubra sus acciones ante el cielo. Del mismo modo, una vez que Macbeth se convierte en rey, el día y la noche se vuelven indistinguibles el uno del otro. Cuando Lady Macbeth se vuelve loca, antes de suicidarse, quiere llevar una vela consigo, como una forma de protección.

El sueño

El sueño simboliza la inocencia y la pureza. Por ejemplo, después de asesinar al rey Duncan, Macbeth está tan angustiado que cree haber escuchado una voz y dice escuché una voz llorar ‘¡No duermas más! Macbeth asesina el sueño’, el sueño inocente, el sueño que ata el cuidado deshilachado. Continúa comparando el sueño con un baño relajante después de un día de arduo trabajo, y con el plato principal de una fiesta, sintiendo que cuando asesinó a su rey mientras dormía, asesinó el sueño mismo.

Del mismo modo, después de enviar a asesinar a Banquo, Macbeth se lamenta de tener constantes pesadillas y por un incansable éxtasis, donde la palabra éxtasis pierde cualquier connotación positiva. Cuando Macbeth ve al fantasma de Banquo en el banquete, Lady Macbeth hace un comentario que denota que también se había alterado su sueño. Ella se vuelve sonámbula, reviviendo los horrores del asesinato del rey Duncan.

La sangre

La sangre simboliza el asesinato, la culpa, y las imágenes sangrientas se asocian tanto a Macbeth como a Lady Macbeth. Antes de matar al rey Duncan, Macbeth imagina una daga ensangrentada que apunta hacia la habitación del rey. Después de cometer el asesinato, se horroriza y dice: «¿Lavará el gran océano de Neptuno todo esta sangre y la limpiará de mi mano? No».

El fantasma de su amigo Banquo, que aparece durante un banquete, tiene «mechones ensangrentados». La sangre también simboliza la propia aceptación de Macbeth de su culpa. Le dice a Lady Macbeth: «Estoy ensangrentado… Caminando en ella, no debería vadear más, regresar fue tan tedioso como ir».

La sangre también se asocia a Lady Macbeth, quien, en su escena de sonambulismo, quiere limpiar la sangre de sus manos. La simbología de la sangre muestra que la culpa discurre en direcciones opuestas para Macbeth y Lady Macbeth. Macbeth pasa de sentirse culpable a ser un asesino despiadado, mientras que Lady Macbeth, que comienza siendo incluso más agresiva que su esposo, se carga de culpa, no la supera y finalmente se suicida.

Fuentes

Stanley Wells, Editor. The Cambridge Companion to Shakespeare Studies. Cambridge University Press, 1985. ISBN 0521318416

Nicholas Brooke. The tragedy of Macbeth edited by Nicholas Brooke. Oxford, Oxford University Press, 1990. ISBN 978-0199535835.