La leyenda de Cantuña y el diablo (Ecuador)

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La historia de Cantuña es una leyenda popular en Quito, y es parte de la cultura, de la identidad y de la tradición de Ecuador. La leyenda cuenta la historia de un arquitecto y constructor que hizo un trato con el diablo.

A unas dos cuadras del centro de Quito se encuentra la Plaza de San Francisco, una plaza popular, amplia y bien iluminada, con palomas y paseantes, visitada por todo aquel que quiera tomar una buena taza de café al aire libre. El lado occidental de la plaza está ocupado por la hermosa Catedral de San Francisco, un enorme edificio de piedra y una de las primeras iglesias construidas en Quito. Un sitio popular aún hoy para que los lugareños vayan a misa. Dentro de la catedral hay un convento y un atrio, precisamente el motivo de la historia de Cantuña.

Plaza de San Francisco en Quito
Plaza de San Francisco, Quito.

La leyenda

Cuenta la leyenda que Cantuña fue un constructor y arquitecto nativo de gran talento. Fue contratado por los franciscanos en los albores de la época colonial (la construcción de la catedral tardó más de 100 años y fue terminada en 1680) para diseñar y construir el atrio. Aunque trabajó con dedicación, el avance de los trabajos fue lento y pronto fue evidente que no terminaría el proyecto a tiempo. Cantuña quería terminar el trabajo según lo acordado, ya que no le pagarían nada si el proyecto no estaba listo en la fecha pactada. Incluso en algunas versiones de la leyenda se afirma que Cantuña iría a la cárcel si el atrio no se completaba a tiempo.

Justo cuando Cantuña comenzaba a desesperarse al ver que el plazo para entregar el atrio llegaba a su fin y no lo podría terminar a tiempo, el diablo se le apareció repentinamente en una nube de humo y le ofreció un trato. El diablo terminaría el trabajo durante la noche y el atrio estaría listo a tiempo. A cambio, Cantuña le entregaría su alma. Cantuña, en su desesperación, aceptó el trato y el diablo llamó a una nutrida cuadrilla de demonios obreros que pasaron toda la noche construyendo el atrio.

Cantuña estaba satisfecho con el trabajo que estaba haciendo el Diablo, pero comenzó a arrepentirse del trato que había hecho. Cuando el diablo no estaba prestando atención, Cantuña se inclinó, saco una piedra de una de las paredes y la escondió.  Al amanecer del día siguiente, el momento pactado con los franciscanos para entregar el atrio, el Diablo exigió airadamente su pago. Cantuña le mostró que faltaba una piedra y por lo tanto, dado que el Diablo no había cumplido cabalmente con su parte del pacto, el contrato era nulo. Engañando y enfurecido, el diablo desapareció en una nube de humo.

Otras versiones

Otras versiones de la leyenda difieren en algunos detalles. En algunas versiones Cantuña es el hijo de Rumiñahui, un legendario comandante inca que engañó a los conquistadores españoles y logró ocultar el oro de Quito (también, supuestamente, con la ayuda del diablo). Según otra versión de la leyenda, no fue Cantuña quien sacó la piedra, sino un ángel enviado para ayudarlo. Y en otra versión, Cantuña no escondió la piedra una vez que la sacó, sino que escribió en ella lo siguiente: “el que recoge esta piedra reconoce que Dios es más grande que él”. Lógicamente, el diablo no recogería la piedra y por lo tanto se vería impedido de cumplir con el contrato.

Fuente

José Gabriel Navarro. Contribuciones a la Historia del Arte en Ecuador. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Sergio Ribeiro Guevara (Ph.D.)
(Doctor en Ingeniería) - COLABORADOR. Divulgador científico. Ingeniero físico nuclear.

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