Cómo identificar un árbol por sus hojas, sus flores y su corteza

identificar a un árbol por sus partes

Los árboles son un componente fundamental de los ecosistemas terrestres. Tienen diferentes formas y tamaños pero todos tienen una estructura básica similar. Cada árbol tiene una columna sobre la que se estructura: su tronco. Este tronco está recubierto de una corteza, y es tanto el origen como donde se sustentan las ramas que conforman la copa del árbol. Desde las ramas crecen hojas y flores. El grado de desarrollo del tronco y de su copa diferencia un árbol de un arbusto.

Todos los árboles están anclados en el suelo por sus raíces, que se extienden subterráneamente en una proporción del follaje que se eleva sobre la tierra. Un árbol desarrollado está compuesto mayoritariamente por células muertas o inactivas, las cuales componen la madera del árbol. Los tejidos de un árbol crecen en muy pocos lugares de su organismo: en los extremos de ramas y raíces, y en una capa delgada que se despliega debajo de la corteza. En los bosques templados en los que hay marcadas diferencias estacionales se pueden encontrar árboles en los que la capa viva del tronco se incorpora a la madera y forma anillos de crecimiento por cada año de desarrollo. Las estructuras reproductivas de los árboles están asociadas a las flores y en algunos casos también a sus raíces.

Anillos de crecimiento del tronco de un árbol.
Anillos de crecimiento del tronco de un árbol.

De la observación de los componentes básicos de un árbol se puede obtener información que permita identificarlo rápidamente. Estos componentes son las hojas, la corteza, las ramas y sus flores y frutos.

La forma de las hojas de los árboles

Las hojas son las fábricas del alimento del árbol. Las hojas captan la energía del sol utilizando la clorofila, el elemento que les da su característica tonalidad verde. A través de la fotosíntesis las hojas producen hidratos de carbono en conjunto con el dióxido de carbono del aire. En este proceso las hojas producen oxígeno, el cual a su vez se libera al aire. Todo este intercambio gaseoso, la respiración del árbol, se produce en sus hojas. Las hojas de un árbol tienen formas y tamaños característicos de cada especie que las transforman en indicadores; por ello, en la mayoría de los casos se puede determinar la especie de un árbol solo observando sus hojas.

Hoja de un árbol, de estructura compuesta.
Hoja de un árbol de estructura compuesta.

Las hojas de los árboles se pueden caracterizar observando su base, sus bordes, sus estrías y su punta o vértice. Hay hojas en forma de estrella, las cuales son totalmente diferentes a una hoja en forma de corazón. La forma de cada hoja tiene un nombre que está asociado a un proceso de identificación.

La estructura de una hoja puede definirse como simple cuando no tiene folios adicionales, o compuesta cuando tiene tres o más folios. La estructura de la hoja es importante para su caracterización y la posterior identificación de la especie del árbol. En una hoja simple, cada folio está unido directamente a través de a un vástago a la rama principal, mientras que en una hoja compuesta todos los folios están unidos a un solo tallo o raquis.

Hay muchas variantes de hojas compuestas. Las principales características se pueden diferenciar en las hojas palmadas, que son aquellas en las que los folios o lóbulos crecen a partir del tallo con una configuración similar a una mano, así como en las hojas pinnadas, en las que los folios crecen en lados opuestos de un tallo, como en una pluma. También hay hojas cuya estructura es doblemente compuesta, es decir, compuesta de dos formas diferentes.

Las flores y sus frutos

Además de ramas, raíces y hojas, en un árbol desarrollado se generan otras estructuras de gran importancia: las flores y los estróbilos, también llamados conos o piñas. Las flores y los estróbilos son las estructuras reproductivas de los árboles, a partir de las cuales se producen las semillas.

Sámara, semilla de arce.
Sámara, semilla de arce.

Las vainas de semillas, los tipos de estróbilo y los frutos son característicos de cada especie de árbol y también permiten su identificación. Sin embargo, no es un elemento tan confiable como la caracterización de la hoja, dado que en muchos casos solo se encuentran en ciertas épocas del año. Siempre es posible encontrar hojas de un árbol, aún en los casos de las especies de hoja caduca; si se busca en el suelo adyacente al árbol seguramente se encontrará alguna. La bellota de un roble es una semilla completamente diferente a la sámara de un arce. A su vez, las diferentes formas y coloraciones de la bellota de roble o de la sámara de arce también permiten determinar la variedad de cada una de las dos especies.

Las ramas

También se puede identificar la especie de un árbol a través de la caracterización de sus ramas, particularmente en el caso de sus ramas pequeñas. Esto puede ser importante en los árboles de hoja caduca, ya que hace posible su identificación durante el invierno; éste método no se utiliza en las demás estaciones del año.

Las pequeñas ramas de los árboles tienen estructuras llamadas papilas, las cuales son cicatrices de las hojas y paquetes de cicatrices que varían entre las especies. Entre las muchas posibles características distintivas de las ramas está la presencia de espinas, las cuales se pueden usar para su identificación.

La corteza

La corteza es la protección del tronco del árbol ante amenazas externas. También tiene otras funciones como la eliminación de residuos del organismo, lo cual hace encapsulando los desechos en las células muertas del tronco, en su madera, o eliminándolos a través de las resinas.

El xilema de la corteza transporta agua, sales y otros nutrientes desde las raíces hasta las hojas de los árboles. Mientras, el floema de la corteza redistribuye los nutrientes inorgánicos y orgánicos, principalmente los hidratos de carbono que se generan en las hojas (donde se produce la fotosíntesis) y van hacia todas las partes del árbol. El cámbium es una capa de pocas células de espesor que está ubicada debajo de la corteza; ahí se origina el xilema secundario (que crece hacia la zona interior del árbol) y el floema secundario (que crece hacia la zona exterior).

La textura de la corteza suele ser bastante uniforme a lo largo del tronco, y es característica de cada especie de árbol, lo cual permite su identificación. La textura del tronco de los árboles se puede clasificar en al menos 18 tipos, desde la textura suave la una haya (Fagus sylvatic) hasta la espinosa de un palo borracho (Ceiba speciosa). La clasificación de la corteza según su textura es acotada, por lo tanto no se puede lograr una clasificación precisa caracterizando solo la corteza de un árbol.

Tronco de palo borracho.
Tronco de palo borracho.

La forma del árbol

Aunque técnicamente no se puede considerar la forma de un árbol como un componente o parte de su estructura, es un rasgo distintivo que puede ayudar en la determinación de su especie. Dependiendo de la especie, puede ser que un árbol juvenil tenga una forma muy diferente a la de un espécimen desarrollado, los cual dificulta el uso de la forma de un árbol para su identificación.

La forma del árbol también puede depender del modo en que se desarrolló. Por ejemplo, un bosque cultivado artificialmente producirá especímenes altos y delgados, mientras que un espécimen de la misma especie desarrollado en un bosque natural puede tener una forma totalmente diferente, y a su vez también ser distinto a un espécimen que creció en campo abierto. Por lo tanto, aun cuando existe una clasificación general de la forma de los árboles asociada a su especie, no es posible identificarlo de forma concluyente sin contar con otro elemento para su caracterización.

Fuentes