Cómo hervir el agua a temperatura ambiente sin calentarla

Hervir el agua a temperatura ambiente

Si bien solemos asociar la ebullición del agua a las altas temperaturas de la estufa (sea por fuego o por electricidad), la verdad es que el proceso de ebullición también depende la presión atmosférica y no solo de la temperatura del agua.

El punto de ebullición es el límite en el que la temperatura elimina la capacidad de la presión atmosférica de mantener el agua en un estado sin movimiento o, digamos, sin burbujas. Esto puede observarse cuando comparamos la temperatura necesaria para alcanzar el punto de ebullición en localidades que están a nivel del mar y localidades que se encuentran en montañas muy altas.

En las montañas, el agua hierve a temperaturas más bajas, por lo que la manera de cocinar los alimentos debe adaptarse para lograr los mismos resultados que a nivel del mar.

Si logramos eliminar la presión atmosférica en un recipiente con agua podremos observar cómo alcanza la ebullición sin necesidad de usar el calor. Esto se puede lograr con una máquina de vacío que se adapte al envase en donde se tiene el agua. Sin embargo, existe una manera más sencilla de probar este método de vacío en casa.

¿Cómo hervir agua sin calentarla?

  1. – Utiliza una jeringa sin aguja y llena el émbolo con un poco de agua. Es importante que quede algo de aire.
  2. – Sella la parte inferior de la jeringa para que no entre más aire.
  3. – Intenta retirar el émbolo de la jeringa lo más rápido que puedas, tratando de observar el fenómeno en el agua. Podrás observar cómo hace ebullición sin haber utilizado nada de calor.

Al retirar el émbolo aumenta el espacio dentro de la jeringa y las moléculas se extienden para llenar el espacio nuevo. La presión atmosférica de la jeringa desciende y crea un vacío parcial que permite que las moléculas de agua puedan pasar fácilmente de la fase líquida al vapor.

La atmósfera, esa capa de gases que envuelve al planeta, ejerce una presión de unos 1.003 gramos por centímetro cuadrado, lo que se traduce a unos 17.500 kilos sobre la cabeza de cada persona. Afortunadamente, nuestra presión interna nos salva de morir aplastados por la presión atmosférica. Además, la presión atmosférica es la que evita que se evaporen los océanos y todos los cuerpos de agua del planeta.

Referencias