¿Cómo sobreviven las abejas al invierno?

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La mayoría de las abejas hibernan. Sólo la reina sobrevive al invierno en muchas especies, emergiendo en primavera para restablecer la colonia. Son las abejas melíferas, la especie Apis mellifera, las que permanecen activas durante todo el invierno, a pesar de las bajas temperaturas y de la falta de flores para alimentarse. Y es durante el invierno cuando utilizan lo logrado con su arduo trabajo, alimentándose de la miel que han elaborado y almacenado.

Apis mellifera.
Apis mellifera.

La capacidad de las colonias de abejas melíferas para sobrevivir al invierno depende de sus reservas de alimentos, conformados por miel, pan de abeja y jalea real. La miel se elabora a partir del néctar recolectado; el pan de abeja es una combinación de néctar y polen que se almacena en las celdas del panal, y la jalea real es una combinación de miel y pan de abeja con el que se alimentan las abejas nodrizas.

Pan de abeja; las celdas amarillas del panal.
Pan de abeja: las celdas amarillas del panal.

La energía que necesitan las abejas para producir el calor que les permita transitar el invierno la obtienen de la miel y del pan de abeja; si la colonia se queda sin estos alimentos se congelará y morirá antes de que llegue la primavera. En la evolución de la comunidad de las abejas melliferas, cuando se aproxima el invierno las abejas obreras expulsan de la colmena a las ahora inútiles abejas zángano, dejándolas morir de hambre. Esta actitud que puede parecer cruel es esencial para la supervivencia de la colonia: los zánganos comerían demasiada miel y pondrían en peligro la supervivencia de la colonia.

Cuando desaparecen las fuentes de alimento, las abejas que permanecen en la colmena se preparan para pasar el invierno. Cuando la temperatura desciende por debajo de los 14 grados, las abejas se colocan cerca de su depósito de miel y pan de miel. La abeja reina deja de poner huevos a fines del otoño y principios del invierno, cuando el alimento empieza a escasear, y las abejas obreras se concentran en aislar la colonia. Se apiñan con la cabeza apuntando hacia dentro de la colmena, agrupadas alrededor de la reina y sus crías para mantenerlas calientes. Las abejas en el interior del racimo pueden alimentarse de la miel almacenada. La capa externa de abejas obreras aísla a sus hermanas y a medida que aumenta la temperatura ambiente las abejas del exterior del grupo se separan un poco para permitir que corra el aire, mientras que cuando baja la temperatura las abejas obreras externas se aprietan.

Dispuestas de esta forma, cuando la temperatura ambiente desciende las abejas obreras calientan el interior de la colmena. Primero se alimentan de miel para obtener energía. Después, las abejas contraen y distienden los músculos que utilizan para volar, pero manteniendo sus alas quietas, lo cual eleva su temperatura corporal. Con miles de abejas vibrando de esta forma, la temperatura del grupo se eleva a unos 34 grados. Cuando las abejas obreras ubicadas en el borde exterior del grupo se enfrían, empujan hacia el centro del grupo y son otras las abejas que las reemplazan, protegiendo así a la colonia del clima invernal.

Cuando el ambiente es cálido todas las abejas se mueven dentro de la colmena, alcanzando todos los depósitos de miel. Pero durante períodos fríos prolongados es posible que las abejas no puedan moverse dentro de la colmena; si el racimo en el que se encuentran se queda sin miel, pueden morir de hambre aunque tengan muy cerca depósitos de alimento.

Un apicultor trabajando.
Un apicultor trabajando.

Una colonia de abejas melíferas puede producir unos 12 kilogramos de miel durante una temporada, aproximadamente dos o tres veces más de lo que necesitan para sobrevivir al invierno. Si la colonia es saludable y la temporada fue buena pueden llegar a producir unos 30 kilogramos de miel, mucho más de lo que necesitan para sobrevivir.

Los apicultores pueden cosechar el excedente de miel, pero deben asegurarse de dejar una cantidad suficiente para que las abejas puedan sobrevivir durante el invierno.

Fuentes

Geraldine A.Wright, Susan W. Nicolson, Sharoni Shafir. Nutritional Physiology and Ecology of Honey Bees. Annual Review of Entomology 63 (1): 327–44, 2018.

Mark L. Winston. The Biology of the Honey Bee. Cambridge MA: Harvard University Press, 1991.

Robert Parker, Andony P. Melathopoulos, Rick White, Stephen F. Pernal, M. Marta Guarna, Leonard J. Foster. Ecological Adaptation of Diverse Honey Bee (Apis mellifera) Populations. PLoS ONE 5 (6), 2010. doi.org/10.1371/journal.pone.0011096

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Sergio Ribeiro Guevara (Ph.D.)
(Doctor en Ingeniería) - COLABORADOR. Divulgador científico. Ingeniero físico nuclear.

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